Te quiero y te quiero follar

Escrito por Yo Misma Publicado el día 13 de Octubre de 2010

Me llamo Eñe (sí como la letra) y hasta hace poco era una mujer reprimida y pudorosa como tantas otras de mi edad. Pero hace tres años conocí a mi novio, bueno en realidad no somos novios, nos estamos conociendo… Con Jota, sí él se llama Jota, como la letra, he aprendido muchas cosas. Para que veáis como me lo monto os voy a contar una sesión de amor, de las que práctico ahora que soy una jovencita de 20 + 20 que vale por dos…

Besitos,

Eñe

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Estamos en la cama, Jota y yo juntitos, hablando a ratos, besándonos de vez en cuando, disfrutando, haciendo el manta, ya que es sábado por la mañana y no tenemos que ir a trabajar.

De golpe, como poseído de una determinación absoluta, me coges de los brazos y me giras para que me quede boca arriba. Te pones sobre mí, una rodilla a cada lado de mi cintura. Colocas cada uno de mis brazos alrededor de mi cabeza y los aprietas con fuerza sobre la almohada. Estas a cuatro patas, sobre mi cuerpo, pero sin dejar caer tu peso sobre mí. Me besas el cuello, al lado de la oreja, me muerdes, parece que me quieres comer. Me gusta. Aprietas ligeramente tu pecho contra mis pezones, que rápidamente se están poniendo largos y duros, como a ti te gustan. Te separas un poco y me besas en la boca. Te quiero. Me estoy excitando mucho, porque ya se lo que va ha pasar, es inevitable… Me tienes apresada. Si quisiera escapar, que no quiero, no podría. Sujetas con fuerza mis muñecas. Me gusta esta sensación de estar a tu merced…

Tú me miras. Miras mis pechos. Creo que en esta postura están más bonitos. Me chupas el pezón derecho, me lo mordisqueas, me comes todo el pecho y pasas al otro lado. Me miras y me dices que estoy guapísima. Que tengo unos ojos preciosos. Debe ser el brillo del placer, de la excitación, de la felicidad…Me besas el cuello otra vez y aprietas tu pecho contra el mío, te frotas sobre mi. Esto me pone a cien. Intento subir mi pubis contra tu sexo, para sentirlo también cerca. Pero estas apoyado en tus rodillas y no me lo pones fácil. Te das cuenta de los deseos que has provocado en mí y dejas libres mis brazos. Me abrazas cogiéndome por detrás de la cintura y acercando tu sexo al mío. Yo te abrazo también. Sabes que no me voy a escapar, que ya no hace falta que me ates la almohada con tus manos.

Tengo ganas de sentirte dentro, de que me la metas. Intuyo tu polla dura y la deseo. Apoyas tus manos en el colchón y te incorporas un poquito. Yo te miro a los ojos por un instante y levanto mi cabeza para mirar hacia abajo y te veo a cuatro patas, a un palmo de mi cuerpo. Veo tu pene sobre mí, erecto, mirándome. Mi raja queda más abajo. En esta postura no es fácil clavarla en mi entrepierna. Hace falta una mano mamporrera. Alguien tiene que coger tu verga y forzarla hacia abajo para clavármela. Esto lo sueles hacer tú, pero hoy no tienes prisa… Pero yo, yo sí que tengo prisa, no puedo esperar ni un instante, quiero notarte dentro, que me llenes.

Cojo tu polla con firmeza y la fuerzo hacia abajo mientras subo mi pubis y me abro de piernas todo lo que puedo, que no es mucho, pues choco con tus piernas que me rodean. Ya noto la punta caliente de tu verga en mis labios. Cuesta un poco de entrar. Voy demasiado deprisa. Mi mente desea follarte rápidamente, pero mi sexo no esta todavía abierto. Estoy mojada por dentro, pero mis jugos no han inundado el camino de entrada. Presionas con fuerza y tu capullo se abre paso entre mis labios. Noto un poco de dolor y mucho placer. Ya ha entrado. La punta de tu pene ya ha llegado a la zona húmeda de mi cueva. Ya no me duele, ya sólo me da gusto. Empujas fuerte hasta clavármela entera. Noto una ligera frescura. Parece que estoy más caliente yo que tu. Como me gusta sentir que entra y sale.

Noto que te gusta follarme, porque la tienes muy dura. Que magnífica es esta posición que has inventado para mí, que no has visto en ningún libro, que no habías probado nunca antes con ninguna otra mujer, o al menos eso dices. Pero me gusta creerte. Me sienta bien creerme que sólo me has follado a mí en esta posición. Me gusta. Noto una fuerte presión en la parte de arriba de mis labios, cerca del clítoris, que me acerca al orgasmo. Muevo mi pubis hacia ti para buscar un mejor contacto y en seguida lo separo un poco, para volver a repetir así el movimiento. Busco ese punto que no se si es físico o mental que me va ha llevar al orgasmo. Tú sigues arremetiendo con fuerza. Follándome con fuerza. Y yo me corro, me corro, me corro…

Te das cuenta de mi placer, aunque no estoy gritando mucho, no me hace falta oírme para llegar al orgasmo. Incluso lo podría hacer en silencio. No quiero que te enteres que me he corrido tan rápido. Quiero que sigas follándome para que pueda correrme muchas veces más.

Pero parece que necesito unos segundos de descanso. Tú te das cuenta. Me sonríes y me dices:

¿Ya te has corrido, chochito mío? Noto que tu coño me quiere expusar. Pero no me voy a ir. No te vas a deshacer de mí tan pronto. No te voy a dejar ni un segundo. Te voy a seguir follando mucho rato. Preparate…

Y que gusto me da oirte decir eso. Porque quiero más, quiero mucho más. Me sigues dando con fuerza, mientras me chupas y me muerdes los pezones. Yo me apunto enseguida al movimiento. Sé que si me concentro puedo seguir corriendome. Quiero seguir corriendome…

Me tienes cogida por el culo y acercas una mano a mi agujero de atrás. Hay humedad en toda la zona. Presionas con tu dedo en mi ano, sin clavarlo. Mientras me sigo moviendo con ritmo, buscando ese puntito que me producirá pronto otro orgasmo. No se si deseo que me claves el dedo en el culo o no, pero me da mucho gusto que me apriete por el ano. Mientras me decido a quitártelo de allí, como hago muchas veces por pudor, para que no pienses que soy una guarra, para que no pienses que me muero de gusto al dejar que tu dedo juegue con mi agujero, me viene un puntazo de placer. Tú me has clavado el dedo dentro. No se si me estoy corriendo o cagando, pero me muero de gusto. Me corro otra vez. Te quiero, te quiero mucho. Me das mucho gusto…Tú sigues a buen ritmo y yo no dejo de correrme una y otra vez. Casi he visto fuegos artificiales…

Estoy bastante exhausta y tú aún quieres seguir. De golpe, sacas tu dura polla de mi coño y me giras con una mezcla de firmeza y delicadeza. Me quedo boca abajo sobre la cama. Se lo que quieres. Te separas de mí un poquito. No te veo, pero creo que estás mirándome. Creo que te gusta ver mi cuerpo tendido, mi culo erguido, esperándote. Te pones sobre mí y me la clavas por detrás sin miramientos. Me la has metido a tope. Ha entrado con facilidad en mi coño. El paso estaba entreabierto. A lo mejor querías metérmela por el ano, pero mi coño ha sido más listo.

Me la metes y me la sacas con ritmo. Después de estos instantes previos de descanso me empiezo a poner a tono otra vez. Ahora te pones en cuclillas sobre mí, sin sacar tu pene de mi cuerpo, pero sin dejar caer tu peso sobre mi culo. Me das la posibilidad de que sea yo quien suba y baje mi culo para que tu polla entre y salga de mi cuerpo. Me gusta mucho esto, aunque sé que después me dolerán los riñones. Pero no voy a parar ahora, que se que tu te vas a correr pronto y esto se va a terminar. Me concentro en mi placer y acompaño ni gusto con suspiros y gritos, para que tu veas lo cerca que estoy del cielo, para que tu te corras también al ver el gustazo que me da que me la caves por detrás. Yo estoy muy a punto…

Te sales de mí sin previo aviso y me indicas que me ponga a cuatro patas sobre la cama, rápido. Tú te pones detrás de rodillas. No te veo el pene. Sólo veo tus huevos colgando. Pero noto la punta de tu polla en mi raja. Sé que has cogido tu instrumento con tu derecha y lo estas dirigiendo contra mí. Apoyas tu mano izquierda sobre mi cintura y apretas hacia abajo. Saco mi culo, te lo ofrezco sin miramientos. Me la metes una vez más, muchas veces más…

Se que gusta darme por detrás y controlar la situación. Me tienes cogida por las caderas y empujas mi culo hacia tu cuerpo y acto seguido lo separas. Todo a un buen ritmo, con ese ritmo constante que sé que sólo parará cuando te hayas corrido. Estás duro, muy duro. Aunque esta postura no es la que más me gusta me concentro en correrme y en explicitar mi placer con suspiros, porque se que tu así no vas a aguantar mucho más. Dale, dale fuerte…

Mi hombre. Mi macho. Se que te estas corriendo a la vez que yo. Noto tu leche que sale caliente de tu cuerpo e inunda el mío. Me derrumbo sobre la cama y tú caes con todo tu peso sobre mí. Tu respiración es fuerte, casi te estás ahogando. Que gusto me da quererte y que me quieras.

Fuente: todorelatos.com

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