Complicidad entre hermanos xxx

Escrito por Yo Misma Publicado el día 18 de Agosto de 2010

Relato xxx, Después de que ayude a mis hermanos para no ser descubiertos por mis padres, entre nosotros nació una especia de complicidad, al día siguiente de esa su primera vez, mi hermana y yo estábamos desnudas y jugando en mi cama, cuando escuchamos pasos en el pasillo, así que de inmediato se salio de mi cama y se paso a la suya.

Fingimos dormir cuando oímos que nuestra puerta se abrió, me sorprendí mucho al ver entrar a mi hermano y dirigirse directamente a la cama de mi hermana, se sentó a un lado de ella y empezó a tocarla sobre las sabanas, poco a poco fue metiendo su mano y debió sorprenderse de encontrarla desnuda, porque alcance a escuchar que decía “adivinaste que vendría a verte mi amor” bajo por completo la sabana dejando al descubierto el cuerpo de mi hermana, acariciaba su espalda y sus piernas, mi hermana no pudo seguir fingiendo que dormía y se acomodo boca arriba y abrió un poco sus piernas, mi hermano entendió y de inmediato su mano subió por el muslo de mi hermana hasta llegar a su vagina, empezó a rozarla suavemente y mi hermana se abrió aun mas, sus gemidos eran ricos y llenos de placer, cuando mi hermano se acomodo para chupar su vagina, ella aprovecho para agarrar su pene y sacarlo del bóxer, quedaron ambos desnudos y se colocaron en un riquísimo 69, mi hermana engullía por completo la verga de mi hermano, mientras este recorría con la lengua cada milímetro de aquella jugosa y depilada vagina.

Ante tal espectáculo, quise prevenir algo malo y sin hacer ruido me levante y fui a cerrar la puerta con seguro, al regresar a mi cama no me acosté, me senté en la cama y me recargue en la pared, abrí mis piernas y empecé a masturbarme llena de excitación de ver a mis hermanos mamándose riquísimo.

Dos de mis dedos se perdían completamente en mi vagina, de ella salían mis jugos en gran cantidad y por momentos cerré los ojos, por lo que no pude ver el momento en que mis hermanos cambiaron de posición, cuando abrí los ojos de nuevo vi como mi hermano estaba arrodillado entre las piernas de mi hermana metiéndole su verga hasta el fondo, mi hermana cuando se exita se moja muchísimo al igual que yo y era rico oír los ruiditos que hacia su vagina al estarse comiendo esa verga caliente, mi hermana se apretaba las tetas como si quisiera exprimirlas.

Era tanta su pasión y locura que durante todo este tiempo no se percataron que yo los estaba observando, mis dedos me habían dado placer y termine con un gran orgasmo y ellos aun seguían cogiendo, así que me volví a meter entre las cobijas pero sin perder detalle de lo que hacían. La cara de mi hermana reflejaba todo el amor y la lujuria de ese momento, gemía fuerte y en voz baja decía que no se detuviera, que estaba en el cielo, ambos cuerpos se tensaron y de momento quedaron inmóviles supuse que llegaron juntos al orgasmo, mi hermano se recostó a un lado de mi hermana y los oí hablando, se decían lo bien que la pasaban juntos y de lo mucho que se querían, fue cuando ella lo abrazo por el cuello y le dijo, yo no solo te quiero, yo te amo y seré tu amante hasta la muerte, mi hermano se quedo pensando, no se en que pero después empezaron a besarse de nuevo, eran besos largos, suaves y tiernos, la manita de mi hermana no perdió tiempo y busco la verga de el, después de unas cuantas caricias se agacho y sin perder tiempo se lo metió en la boca, lo metía y lo sacaba suavemente al mismo tiempo que sus manos acariciaban su bolas, aquella verga no tardo en responder a la estimulación y pronto estuvo lista y dura de nuevo.

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Como la chupa mi madre

Escrito por Yo Misma Publicado el día 11 de Julio de 2010

Sintió como un vacío que precedía a la saturación, poderoso como un tsunami. Y así como en este las aguas se retiran para inminentemente arrasarlo todo con la gran ola, temió su incontinencia, la vio llegar, ruidosa, rugiendo en sus entrañas, abocando al exterior con la fuerza de la marea.

Carmen se retorcía y jadeaba poseída, envistiendo con la pelvis, uniéndose al rítmico compás de sus cinturas. Ignacio observaba su miembro entrando y saliendo, con virulencia, casi con saña. Ella lo agarraba de las nalgas, clavando sus uñas, arrastrándolo hacia si, y el miembro, más que introducirse, se incrustaba, perforando, irrumpiendo en cada empuje con grotesca profusión, saturándola.

Comenzó a contar para abstraerse, para no irse, para retardar lo inminente, lo imparable. Comenzó a contar cada envite, cada rítmico lance, cada puñalada de sus sexos violentos y pasionales. Uno, dos, tres, cuatro… y seguía perforando, irrumpiendo en sus entrañas. Quince, dieciséis, diecisiete, dieciocho… podía sentir, oír, el ruido seco y contundente de sus pubis al chocar, toc, toc, toc, toc… treinta y seis, treinta y siete, treinta y ocho… Carmen parecía ahogarse en sus jadeos, deteniendo la respiración y tensándose, como agonizante, delirante, se corrió…

Ignacio bajó el ritmo pero siguió dando leña, manteniendo la cadencia. Sesenta y dos, sesenta y tres, sesenta y cuatro… y apenas se percato de que había entrado en flujo.

(Ignacio lo llamaba “entrar en flujo”. No era nada premeditado ni consciente, ni siquiera era algo controlable. Simplemente, a veces se concentraba tanto en una tarea, la que fuera, que parecía convertirse en una maquina y funcionaba a la perfección, dando todo de sí, mecánico, como si él mismo, ajeno a su cuerpo activo, se observara trabajando, abstraído pero concentrado. Y podía tener su mente funcionando con claridad, como ajena a la labor que realizaba, mientras su cuerpo se movía enérgicamente, con precisión, en una actividad casi frenética y totalmente controlada.)

Estaba allí, impulsando todo su cuerpo en un punto, como un percutor, con la cabeza saturada de sustancias placenteras, extasiado, excitado, pero en una meseta que le permitía permanecer en ese estado de excitación a su antojo, sin dispararse los mecanismos que lo llevarían a una resolución inmediata de la tensión acumulada. Y observó con delectación como Carmen alcanzaba de nuevo el clímax, como se tensaba todo su cuerpo y permanecía casi inmóvil unos instantes para dejarse caer, y como una ola o una onda en una charca sentía recorrer la sacudida por todos sus músculos.

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Una noche de alivio

Escrito por Yo Misma Publicado el día 4 de Julio de 2010

Cuando mi madre decidió separarse, después de 20 años de matrimonio, me sentí tan dolida con ella, que decidí quedarme a vivir con mi padre ,1º por que mi relación siempre fue mejor con el y 2º a modo de castigo, ya que a mis 19 años no entendía que de un día para otro, alguien dejara de amar a una persona; menos a mi padre, que a mis ojos siempre fue el hombre mas apuesto, atento , divertido y cariñoso que jamás conocí.

Sin embargo un día mi madre, en plena comida, nos miró, primero a el y luego a mi y nos dijo:”me marcho…se me acabó el amor”.

Durante algunos meses oí a mi padre deambular por la casa hasta la madrugada e incluso sollozar creyendo que yo dormía.

Fue entonces cuando decidí, para calmar su pena y su ansiedad, hacerle compañía al acostarse ya que cada vez le era más difícil conciliar el sueño. Era algo normal, ya que desde bien pequeña tomé por costumbre meterme a hurtadillas en la cama de mis padres y luego, de adolescente seguí haciendo para deleite de todos. Disfrutaba cuando tras desayunar los tres en la cama, mi madre nos dejaba en la habitación y comenzábamos a jugar, unas veces haciéndonos cosquillas, otras a peleas suaves…

He crecido feliz junto a mi padre. Sin embargo mi madre, aun que afectuosa, siempre se mostró mas fría conmigo.

Ahora entiendo que para ella era su rival, su enemiga ya que inconscientemente le robaba las atenciones y las muestras de afecto que mi padre me profesaba y que a ella tanto le hacían sufrir.

Tardé mucho en desarrollar, quizás por ello, al seguir a mis 15 años con cuerpo de niña, sin apenas curvas, mi padre seguía viéndome como su niñita y jugando conmigo como se hace con las niñas de tres años.

Gustaba de agarrarme y colocarme boca abajo en su cama, me subía el camisón y me mordía el trasero hasta que muerta de risa le pedía que me dejara. Otras, me tocaba mis apenas perceptibles pechos y me preguntaba “pero bueno…..y estas, cuándo van a salir? Son tímidas o que?”.

Yo fingía molestarme y le decía entre risas

-”papá…no es normal que andes tocándome las tetas jolín”.

-”pero que tetas ni qué nada, tesorito….si tu vas a ser mi bebita para siempre!”.

Que buenos recuerdos tengo! Que infancia y adolescencia mas feliz junto a mi padre!! Y ahora, verlo así tan destrozado, me partía el alma.

Como contaba, una noche tras oírlo dar vueltas en la cama, decidí acostarme a su lado para tranquilizarlo .El no pareció sorprendido al verme entrar en su habitación con mi pijama corto y cuando me introduje en su cama me agarró acercándome a el mientras me susurraba:

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