Historia real sobre una mujer casada que me hizo una de las mejores mamadas que he tenido, con el permiso de su esposo.
El siguiente relato es 100% real, ocurrió hace dos años y fue una de las mejores experiencias que he tenido.
Pero dejenme contarles un poco sobre mi, me llamo Fernando y vivo en Cali, tengo 40 años y soy un tipo comun, nada especial. Estoy casado desde hace 14 años con una mujer a la que quiero, aunque debido a que es muy tradicional en asuntos de sexo, para satisfacer las fantasías que al respecto tengo, he tenido que recurrir a buscar y contactar a otras mujeres, es así como contacté a la mujer con la que tuve la aventura que ahora les relato.
leer el relatoEsta historia ocurrió hace más de siete meses cuando yo aun creía estar enamorada de mi ex-novio. Era miércoles y había quedado con el para ir a ver la ultima de Almodóvar, que a mi me chifla. Generalmente el cine español, me llama bastante más la atención que el americano y afortunadamente tenia un novio. Porque ahora ya no lo tengo (al menos no el mismo) que le gustaba el mismo tipo de cine que a mi o casi.
Se que pueden pensar que soy un poco cerda por acordarme de un antiguo novio, saliendo actualmente con otro chico. Pero bueno, solo llevamos tres semanas y en principio, no se como terminara la cosa. Además esto lo hago para que mi Ex se acuerde de aquella vez y no olvide que tampoco era tan estrecha como decía. En realidad nunca lo he sido.
Bueno, el caso es que estábamos los dos en la cola para comprar las entradas y para variar Marcos (mi antiguo novio) ya me estaba tocando el culo y arrimándose por detrás más de la cuenta. Rozándose todo el rato conmigo.
Reconozco que no era mal chico pero a veces se ponía muy sobón cuando se calentaba. Y debo decir que se calentaba muy, pero que muy fácilmente. A mi que quieran que les diga, a veces me agotaba. Sobre todo porque creía que solo me quería para eso, para follar. Lo siento, pero eso es lo que creo, y el ultimo mes que estuvimos saliendo. Ese tipo de discusiones fueron como el pan de cada día, hasta que me harte y le mande a freír monas.
Debo reconocer que no me considero una chica físicamente mal. Mas bien creo que soy guapa, pero no exagerando. Mido un metro sesenta y siete y aunque no tengo mucho pecho, mi cuerpo en conjunto forma lo que los tíos suelen decir un “tipazo”. Mis ojos son marrones claros, mi pelo es castaño oscuro y liso, un poco largo y mis labios son sensuales pero no muy grandes. Mi antiguo novio siempre decía que tenía una boca perfecta para comer pollas. Era así de gracioso, ya ven.
No me tomen por una creída, que no lo soy aunque si sé vestir bien y provocar a un chico me es bastante fácil. Y con Marcos, no hacia falta mucha dedicación para que comiera en la palma de mi mano.
Ese día debo decir que iba bastante discretita para mi gusto. Solo llevaba puesto un sencillo suéter negro ceñido, donde se me transparentaba un poco el sujetador blanco que llevaba debajo y unos vaqueros azules desgastados que me hacían un bonito culo. Esto al menos era la opinión que tenia mi antiguo novio de esos pantalones. Bueno la verdad es que me dejan un trasero redondo y bastante llamativo.
También estaba con la regla, y llevaba con ella solo dos días. Y es asqueroso ir con un trozo de plástico entre las piernas todo el santo día sin desesperarse o volverse loca.
Debo añadir, que hacia más de tres semanas que no lo hacíamos, me refiero a practicar el sexo y Marcos claro, estaba que saltaba y mordía, con sus zarpas palpándolo todo. Sobre todo si lo que palpaba era mi cuerpo.
Joder tía, que guapa te has puesto hoy ¡dios!.
leer el relatoPor cuestiones laborales suelo viajar en avión, y si bien he leído relatos sobre sexo en los aviones jamás creí que me pasaría lo que les voy a contar.
Estaba regresando desde la provincia de Tucumán (Soy de Bs As – Argentina) en un vuelo casi vacío de una compañía que ya no existe, con la mayor parte del pasaje en la parte delantera y media del avión (nadie en el último tercio). El avión era un MD, lo cual es importante en lo que les voy a contar, por un motivo que jamás había tenido en cuenta.
Como les contaba el vuelo era muy tranquilo, y en un momento dado la tripulación comienza a servir el típico refrigerio. Yo estaba solo en una fila de 2 asientos, del lado de la ventanilla. Cuando veo venir el carrito con las bebidas no puede dejar de mirar a las azafatas, pensando que nunca son nada del otro mundo (la imaginación popular las endioso en una época, pero la verdad que son medio pelo). Eran dos azafatas, una cuarentona media entrada en carnes de lindo rostro redondeado, ojos claros con unos lentes muy delicados, pelo castaño claro, y la otra jovencita, muy delgada para mi gusto, morocha de cara insulsa y un gesto muy duro. Cuando llegan a mi fila le pido a la jovencita una gaseosa, y cuando me la está sirviendo sin querer vuelca una cantidad importante sobre mi pantalón. La pobre no sabia como disculparse, me acerca una servilleta para que me limpie, mientras que la otra azafata (al parecer era su superior) le dice que siga sirviendo a los pocos pasajeros que faltaban, que ella se iba a encargar de la situación.
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