Andrea y su tia

Escrito por Yo Misma Publicado el día 11 de Diciembre de 2010

Mi tía rió nerviosa, recogió sus piernas, dejando a la vista una buena parte de sus muslos, y dejó a un lado el diario con su foto en traje de baño. Estábamos en su dormitorio, comentando las incidencias del concurso de belleza para señoras al que le había insistido que participara y hoy había aparecido en la portada del periódico, luciendo su hermoso cuerpo enfundado en la blanca tela del traje de una pieza. Había logrado vencer su negativa a participar en ese tipo de eventos, apelando a los halagos por su cuerpo atrayente y a la belleza de su rostro, que la harían llegar a las finales. Y en el fondo de ella había el deseo de reafirmar la confianza en su belleza, que el casamiento, la maternidad y el paso de los años se había mermado. No es que hubiera perdido sus encantos. No. Era su confianza en si misma la que se había deteriorado. Y yo quería que la recuperara. Y nuestra conversación en su dormitorio, ambas sobre la cama matrimonial, me demostraba que esa confianza estaba retomando terreno. Con el agregado de que estaba experimentando cosas que nunca antes había sentido, como el halago de saberse deseada por los hombres que la veían desfilar en la pasarela.

Y precisamente fue ese comentario el que la puso nerviosa, reconociendo que de alguna manera estaba haciéndome confidencias que hasta hace poco parecían impensables, como que sentía cosas dentro de ella cuando veía las miradas de los hombres recorriendo su cuerpo, con el deseo reflejado en sus ojos.

Yo también reí con ella y puse mi mano sobre su rodilla.

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Me chinge a mi tia

Escrito por Yo Misma Publicado el día 23 de Agosto de 2010

En ese tiempo, cuando mi cuñada se encontraba próxima a casarse, yo todavía no me casaba con la que hoy es mi esposa, (su hermana); me presentaron a la tía de ellas, una señora de no mal ver, con sus años encima, pero con unas nalgas sabrosas y unos senos todavía en su lugar y de buen tamaño, claro que la Tía contaba con suficiente experiencia en cuestiones del amor.

El mero día de la boda, celebrando todos la felicidad de mi cuñada y su marido, nos encontrábamos bailando amenamente en la casa de los papás de él, y en una de esas ocasiones estando en la pista de baile, se me acerca la famosa tía y tomándome de la barbilla muy cerca mi cara de la suya me dijo:

Que guapo eres, Caray y que bien bailas!

A lo que mi novia me jala, mostrando una enorme escena de celos, y me dice que tenga cuidado con la tía, a lo que le contesté que no era mi intención hacer algo con ella pues me agarró desprevenido. Fue tal el disgusto de mi novia que salió de la fiesta muy molesta y se fue a su casa dejándome completamente solo y muy apenado con la familia, pues era una de las primeras veces que convivía con ellos.

En ese momento se me acerca otra de las hermanas y me comenta que no le haga caso, ella vio todo y me dijo que yo no era culpable de nada, que me divirtiera con la demás familia y olvide todo pues al día siguiente mi novia estaría como si nada.

Y empecé a divertirme como comentaron ellas, y en una de esas ocasiones ya con tragos encima todo mundo, se me ocurre ir al baño a tirar todo el tequila que había ingerido en ese tiempo. Entrando a una habitación obscura viendo al fondo de ella una luz en una puerta pensando que ese era el baño y en efecto, al dirigirme a dicha puerta, se encontraba ocupado, esperando con muchas ansias de orinar, y al ver que se abre la puerta sale la famosa tía arreglándose todas las ropas y me quedo esperando a que se quitara para entrar a orinar, y se queda ella viéndome fijamente, sonriendo me dice:

Te acompaño?, Y lo primero que hice fue decirle que viera si no venia nadie y cuando se asomó yo me metí corriendo al baño ya que no aguantaba la miada.

Ya orinando yo, sintiendo una gran satisfacción con los ojos cerrados, empiezo a sentir una mano mas aparte de la mía que tocaba mi pene. Al abrir los ojos veo a esa mujer frente a mi que sostenía también mi pene, a lo que a partir de ese momento, empezó a crecer y dejo de ser pene para convertirse en una enorme, colorada, caliente, ancha y jugosa verga.

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Me case con mi suegra

Escrito por Yo Misma Publicado el día 7 de Agosto de 2010

Victoria, La atractiva madre de Virginia mi mujer y de Jenny, en la época de este relato contaba con cuarenta y tres muy bien cuidados años, con un físico que poco o nada tenía que envidiar a sus agraciadas hijas, muy por lo contrario, La madre era más alta y esbelta que sus estupendas hijas, con unas caderas amplias y un trasero digno de esculpir, además de un par de tetas prominentes y erotizante, delgada no lo era, pero tampoco le sobraban kilos. Era de esas maduras que cualquier hombre deseaba tener para sí y que no pasa desapercibida. Cuando salían de Shoping las tres parecían hermanas, aunque los hombres se giraban para contemplar las buenas bondades de la madre.

Ella, mi querida suegra, había tomado la buena costumbre de visitarnos cada dos meses y se quedaba una o dos semanas con nosotros, antes de retornar a su ciudad de residencia. Mi mujer se ponía muy contenta en su compañía ya que las unía una amistad y confianza especial. —- Y yo aunque ustedes no lo crean, también disfrutaba mucho de su estadía, pues poseía una sensualidad y madurez que me andaban trayendo excitado todo el día.

En esa oportunidad y motivo de mi relato debió concurrir por una repentina enfermedad de Virginia, su querida hija, donde él médico recetó reposo absoluto por una neumonítis y como si esto fuera poca cosa se le presentó un cuadro de infección urinaria por lo que para mi fue un verdadero castigo ya que le suprimieron las actividades sexuales con marido y eso cuando recién habíamos cumplido dieciocho meses de casados donde el sexo para nosotros era más importante que nuestra diaria alimentación por tanto su enfermedad me significaba un verdadero suplicio, pues nuestra cuota llegaba a dos por la noche y una por las mañanas y ahora llevaba una semana en cero. Veía una mujer interesante en la calle, la seguía con una lasciva mirada, produciéndome una auto excitación y cuando llegaba a casa en vez de tranquilizarme, mi querida suegra se me mostraba cada día más provocativa, deseable y atractiva.

Esa noche llegué más temprano que de costumbre y después de pasar un rato junto a mi mujer que ya empezaba a dar muestras de mejoría, maliciosamente me deleitaba también observando los deliciosos muslos de Victoria que acompañaba a su hija de rodilla sobre la cama y al usar una corta falda dejaba relucir todas sus bondades hasta poder observar el pequeño calzoncito de lycra blanco que usaba esa noche, que al ser tan diminuto permitía ver parte de su vellosidad pubiana. Esas visiones me calentaban a full y ardía de deseos por lanzarme sobre ella, quitarle sus prendas de vestir con mis propias manos y extasiarme de esas apetecibles carnes de su bien desarrollado cuerpo, penetrándola repetidamente como ella se lo merecía, por provocarme de esa forma.

Muy sobre excitado esa noche, preferí abandonar el cuarto de mi mujer, llevándome grabado en la mente, la erótica imagen de mi suegra. Me dirigí al cuarto de servicio, lugar elegido como mi esporádico dormitorio pues acusé mucho agotamiento por la dura jornada laboral del día, pidiéndole a Victoria, que antes de irse ella a la cama me pasara a dejar una taza de leche tibia, a lo que la buena mujer accedió.

Camino a mi nueva alcoba, me llevé media botella de Whisky y dos vasos, este sólo echo indicaba a todas luces que esa noche algo extraordinario que venía tramando desde mucho tiempo, estaría a punto de ocurrir

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