Este era su último año de secundario. Tiene 18 años es morena de 1.65 mts. Unos ojos marrones preciosos y cabello de un castaño oscuro. Delgada debido a su constantes caminatas y su amor por diversos deportes. Pero todo esto no se nota ya que nunca usa ropa ajustada o que marque su cuerpo. De una familia de clase media que siempre intentaba consentirla como era hija única nada le faltaba. Sus preferencias siempre las tuvo definidas nunca miro a muchachos y desde que tiene recuerdos siempre miro a las niñas de otra manera. Nunca tuvo novia ni algo parecido ya que su timidez nunca le permitieron acercarse a nadie muchos menos a conocer a otras muchachas.
Llego temprano al colegio como no había nadie eligió el ultimo asiento desde donde vería a todos cuando entrara. Se puso sus auriculares y se refugió en sus canciones preferidas,
Ingresaron sus compañeros no saludaba a nadie seguía con la música, el profe de historia se acerco junto con alguien Sofía no miro bien se quito los auriculares los guardo y espero que sus compañeros guardaran silencio.
leer el relatoComo todos los domingos, ese día fui a saludar a mis abuelos y ver unos videos xxx me encontré con que justo en la puerta de la casa había estacionado un taxi, del cual bajó (para mi sorpresa) una mujer de unos 50 años aproximadamente y de una excitante y apetecible figura. Cual sería mi sorpresa al ver que ese mujerón era mi querida tiíta Dorita, a quien no veía hace como 15 años.
Luego de los saludos y conversaciones correspondientes a la llegada de la querida tía (que sinceramente para mí fueron una eternidad), sucedió algo que no me esperaba… Mi tía dijo sentirse muy cansada y agobiada por el tremendo viaje que tubo que hacer y me pidió muy amablemente y con un guiño de ojos que llevara sus maletas a la habitación que le habían asignado en el segundo piso.
leer el relatoCuando sonó el teléfono faltaban pocos minutos para las diez de la noche.
Mrs K?
His taxi waiting.
Acabé de pintarme bien los labios despues de la cam xxx. Rojo subido. Me había recogido el pelo en un moño y la exagerada prolongación de la raya de los ojos unida al vestido de seda negro semitransparente con encajes de lentejuelas ceñido al cuerpo me proporcionaba un aspecto decididamente oriental.
Me acerqué hasta el ascensor con el paso titubeante que los zapatos, también negros y de altísimo tacón, me marcaban.
A la salida principal me esperaba el taxi. Subí y arrancó sin el conductor mediar palabra.
La noche era ya una realidad consolidada; enormes luces multicolores de neón, ríos de gente apresurada que, desbocados, pasaban por mi lado.
Aproximadamente quince minutos más tarde el coche paró frente al Donghu Hotel. Bajé y avancé, a través de su elaborada puerta de hierro forjado, cruzando el jardín, hasta el vestíbulo. Mármol y arañas de cristal en el techo.