Volvia yo a casa en un tren de largo recorrido de la Renfe, cuando me pasó lo que sigue.
Había pasado unos días en casa después de pasar unos días en casa de unos amigos en Barcelona y ahora volvía casa, cansado pero contento. Como siempre que voy solo, iba con los auriculares, tranquilamente escuchando música. El viaje es bastante largo (como unas 4 horas), así que había que tomárselo con calma.
En una de las primeras paradas entraron lo que parecían cuatro jovencitas, se sentaron al otro lado del pasillo xxx, y desde entonces no pararon de armar bulla. Cosas de la edad. Estaban en uno de esos sitios que hay en los trenes para cuatro personas, con una mesita en medio, y al cabo de un rato en que no pararon de hablar ni un momento sacaron una baraja y empezaron a jugar a cartas. Cualquiera se puede se puede imaginar que los comentarios no eran precisamente en voz baja, porque las chicas no eran lo que se dice un prodigio de discreción…Reian, hablaban, gritaban…de vez en cuando, cuando había alguna jugada fuera de lo normal (o que se lo parecía) el escándalo que montaban era bastante grande. Pero como el tren iba medio vacio, tampoco molestaban mucho.
No es que me molestara especialmente el tener como vecinas a unas adolescentes hiperexcitadas, pero tampoco me hacía una gran ilusión. La noche anterior, como era la última que pasaba con mis amigos de Barcelona, habíamos salido por ahí, y me había subido al tren casi sin dormir. Pero mira si chillaban las chiquillas, que hasta con los auriculares puestos las oía, así que al final me los quité, y me puse a escucharlas. Al final, dejaron de jugar a cartas y se calmaron un poco, así que intenté echar una cabezadita, porque casi no había dormido la noche anterior, pero ya no pude dormirme, así que cogí un libro y me puse a leer .
Pero estaba claro que tampoco iba a sacar mucho provecho de la lectura. Al cabo de unos cinco minutos de silencio, una de las chicas, la que estaba más cerca del pasillo, se quedó mirando y me preguntó:
-¿Qué lees?
-Una novela- y se la enseñé. A partir de ahí fue un bombardeo de preguntas por parte de las dos chicas que tenía más cerca (las que estaban en los dos asientos del pasillo): a donde iba, de donde venía, cuantos años tenía, como me llamaba, que música escuchaba, si me gustaba viajar en tren, si lo hacía a menudo…estaba claro que las chicas se aburrían y querían pasar el rato entablando conversación con alguien. Ellas también se presentaron. Una se llamaba Belén, era morena y tenía unas tetazas que no le cabían, entre otras cosas porque el escote de su camiseta era algo más que generoso. La otra se llamaba Virginia, y aunque no tenía tantas tetas, era más bonita de cara. Llevaba además unas gafas redondas que le quedaban muy bien. Volvían a casa después de haber pasado unos días fuera y eran muy amigas, cosa que a mi en aquellos momentos no me importaba lo más mínimo. Pero como yo también estaba bastante aburrido y además soy así de educado, les seguí la corriente en todo lo que dijeron, como una manera de hacer más corto el viaje . Al cabo de un rato, la que se llamaba Belén, que ya no sabía que decir, me dijo:
-¿Sabes jugar al poker?
-Sí, más o menos-le contesté
-Es que queríamos jugar, pero Mónica no sabe,…¿te apetece jugar con nosotras?
Como estaba claro que no iba a tener ya un viaje tranquilo, y como cuando me lo dijo casi podía ver totas las tetas de Belén a través de su escote, les dije que sí. El sitio donde yo iba sentado también tenía una de esas mesitas en medio, aunque iba yo solo, así que ellas pasaron a la parte donde yo estaba, y Monica, una rubita bastante interesante, la que no sabía jugar, fue la única que se quedó al otro lado. Ya estaba medio dormida antes, pero al ver que tenía más espacio puso una chaqueta a modo de cojín sobre el cristal del tren e intentó echar una cabezadita.
Belén se sentó enfrente de mi, lo que me permitió ver más exactamente la magnitud de sus tetas. Redondas y grandes. Melones. Debía de ser un poco más mayor que las otras para tener tales peras, pero se comportaba exactamente igual. A mi lado se sentó otra chica a la que me presentaron como Ainhoa, la que faltaba para completar el cuarteto. Era morena, y estaba también bastante bien. Follable, que se dice. Al otro lado lado de la mesa, al lado de Belen, se sentó Virginia con las cartas.
Comenzamos a jugar. Ellas habían traido una bolsita de céntimos que usaban para las apuestas, y que repartimos a partes iguales entre todos. Les gané la primera mano fácilmente y, a partir de ahí, fui ganando algunas y perdiendo otras, pero en general fui desplumándolas con bastante facilidad, porque apostaban a tontas y a locas, hasta que tenía yo casi todos los céntimos, lo que no parecía importarles mucho, porque se reían y chillaban como siempre a cada jugada. La verdad es que, por lo menos, eran simpáticas y alegres, sobretodo Belén, que parecía que no me quitaba el ojo, y así el viaje se hizo más corto. Y mientras jugaba, me enteré de que tenían todas 16 años (menos Belén, que tenía 17), que eran compañeras de clase y que volvían a casa después de haber pasado unos días en casa de una amiga, que se llamaba Elena, que era buena chica, aunque un poco tonta, bla, bla, bla, bla…
Cuando casi las hube desplumado de sus últimos céntimos estábamos ya llegando a la última estación, donde teníamos que bajar todos. Sonó la megafonía anunciándolo, así que suspendimos la partida y empezamos a levantarnos para recoger nuestras cosas. Ainhoa fue la primera en levantarse, porque estaba al lado del pasillo. Se giró y se estiró para coger una mochila que había dejado en la bandeja de arriba, lo que le marcó un culo interesante, más todavía porque llevaba unos pantalones cortos bastante ajustados y a los 16 años y con unos pantalones ajustados casi todas las chicas tienen un culo interesante. En ese momento yo me estaba levantado y pasaba por detrás de ella para ir a recoger mi maleta que estaba al final del pasillo, así que como los pasillos de la Renfe son estrechos, mi paquete pasó a pocos centímetros de su culo, por no decir que lo rozó. Delante de mi, en el pasillo recogiendo sus cosas, estaba Virginia, la de gafas, que llevaba una faldita corta blanca, como las de las tenistas, más o menos, que le llegaba por la mitad de los muslos. Estaba morena, y era más alta que Belén y que el resto, así que le quedaba muy bien esa faldita. Fue ella quien cuando pasé por donde ella estaba me dijo: “¿Y ahora que?”. “no se, le contesté, ¿que quieres decir?” “no se, podrías decirnos donde vives, o darnos tu teléfono, por lo menos”.
No sabía si me apetecía dárselo, pero tampoco se me ocurrió ninguna excusa para no hacerlo, y además al final tampoco me habían caido tan mal, así que le dije algo así como“bueno, cuando bajemos os lo doy“., y pasé a recoger mi maleta.
Bajamos todos del tren (al hacerlo, Belén dio un saltito que hizo que se le menearan todas las tetazas, que en eso sí que me fijé) y nos quedamos con las maletas en el andén. Saqué un boli para apuntar mi teléfono y fue cuando Belén me dijo “oye, esta tarde vamos a casa de Ainhoa, que sus padres estan de viaje, ¿por qué no te vienes?”. No sabía que decirles, yo tenía que volver a casa, pero vaya usted a saber por que, cuando me quise dar cuenta ya les había dicho que sí, que vale. Eran las doce y media de la mañana. Ainhoa me propuso que me fuera a comer con ellas a su casa. Hasta entonces no había pensado realmente en tirarme a esas niñatas, pero comenzaba a pensar que allí podía haber algo más que buen rollito. Les dije otra vez que si. Ya llamaría a casa y daría cualquier excusa…
Nos dirigimos hacia la parada de taxis, y por el camino, Belen se me acercó y me dijo:
-Oye, no queremos que vengas engañado. En realidad, pensamos que estás muy bueno y nosotras vamos muy salidas, así que lo que queremos es sexo ¿te interesa?
¡Joder, como venía la juventud! Por supuesto que me interesaba. Aquella alegría que trasmitían y que fueran tan evidentemente inmaduras había acabado por ponerme cachondo, y si no me lo hubieran dicho ellas a lo mejor lo hubiera intentado yo por mi cuenta. Pero así, ni eso. Así que, sin pensarmelo demasiado, les dije que sí que me interesaba. ¿Cómo no me iba a interesar el follarme a cuatro adolescentes en celo?
Seguimos avanzando, yo más contento que unas pascuas y ellas que me parecían más guapas desde que sabía que me las iba a follar en breve. Salimos rápidamente de la estación para coger un taxi, llegamos a la parada y conseguimos que uno de los taxis nos cogiera a los cinco (algo raro, porque normalmente lo máximo que cogen son tres o cuatro por viaje), yo me puse en el asiento de atrás, con Belén, Virginia y Mónica, mientras que Ainhoa subía delante. Ainhoa le dijo al taxista donde vivía y el taxi arrancó.
En el asiento de atrás cuatro personas ibamos más bien apretaditos, así que el contacto era inevitable y las chicas no se cortaban nada. Supongo que el hecho de que yo tuviera algunos años más que ellas les daba morbo o algo, pero la cuestión és que a medio camino, Belén ya me estaba sobando con toda descaradamente el paquete por encima del pantalón, aunque la muy cabrona seguía mirando al frente como si nada. Solo de vez en cuando se giraba y se reia. Mientras, yo para no quedarme atrás le había puesto la mano en la pierna a Virginia, que estaba a mi derecha y se la había deslizado hasta el interior de los muslos. Vamos, que le estaba metiendo mano, y como ella llevaba la faldita como de tenista y se dejaba, pues allá que iba mi mano arriba y abajo, metiéndole mano como si fuera un quinceañero.
No se si el taxista se dio cuenta de algo o pasó de todo, pero la cuestión es que no dijo nada, y en diez minutos habíamos llegado al piso de Ainhoa. Quitamos las manos de donde las teníamos puestas, bajamos las maletas y nos fuimos hacia el ascensor, porque me dijeron que Ainhoa vivía en un séptimo piso y no era cuestión de subir siete pisos con la erección que llevaba en el pantalón. Como no cabíamos todos, primero enviamos por delante a Ainhoa con las maletas, y al siguiente viaje nos metimos en el ascensor Belen, Mónica, Virginia y yo. Y, nada más cerrarse las puertas del ascensor se me echaron encima las tres… creía que aquellas niñatas me iban a violar allí mismo. Virginia era la que se había aferrado a mi boca y me estaba besando, pero a las otras dos también las tenía encima, tocando lo que podían.
Cuando llegamos arriba, Ainhoa nos estaba esperando en el rellano. Recogimos las maletas y las arrastramos hasta la puerta de su piso. Abrió la puerta y entramos. Era un piso bastante nuevo, bastante amplioy con bastante luz, con muebles más bien modernos. Se ve que los padres de Ainhoa vivían bastante bien, pero ahora afortunadamente no estaban en casa. Después de una entradita, había una sala de estar bastante amplia donde descargamos las maletas. Ainhoa, haciendo de anfitriona, me preguntó:
-¿Quieres tomar algo?
Antes de que pudiera contestar, Belen, que acababa de dejar en el suelo su equipaje, dijo…
-No seas tonta, lo que quiere es follar, follar y follar!!!
-¡Bueno, no lo agobies!-dijo Ainhoa
Mientras discutían yo seguía parado en medio de la sala. Belén no hizo mucho caso a Ainhoa en lo de no agobiarme, me echó los brazos y me empezó a darme un beso de tornillo al que yo respondí metiéndole toda la lengua. Estuvimos unos segundos así jugando y luego apartó los labios y me preguntó si me gustaban los tangas. Le contesté que sí y me dijo que en el viaje se habían comprado unos, que si me apetecía verlos. Otra vez le dije que sí y Belén, dirigiéndose a las otras, les dijo:
-¿Por qué no le hacemos un pase de modelos?
Belén me soltó y se fue a por su maleta. Las otras hicieron lo mismo, rebuscaron un poco en sus maletas, sacaron cada una sus tangas de sus equipajes y se fueron a otra habitación a cambiarse, dejándome sólo. Yo ya había decidido darles un poco de cuerda al principio, así que primero paseé un poco y luego me senté en el sofá de cuero a esperar a que salieran..
No tuve que esperar mucho, antes que de dentro de la habitación dode se habían metido se oyera una voz que decía:
-¿Estás preparado?
No tuve ni tiempo de decir que sí antes de que empezaran a salir. La primera en aparecer fue Mónica, la rubita. Llevaba un tanga rojo…y nada más. Sus tetas eran más pequeñas que las de sus compañeras, pero ella era una preciosidad, Detrás de Mónica apareció Virginia, con un tanga estampado, con florecillas, o algo así, y detrás entró Belén, que según parece se había decidido por un tanga negro, minúsculo. Ainhoa, la dueña de la casa, venía la última, con un tanga también negro.
Venían las cuatro riéndose, como un poco vergonzosas pero sin nada más de ropa, y se quedaron plantadas en medio de la sala con tan mínimo vestuario.
Entendí que ahora me tocaba a mi enseñar algo, así que me levanté del sofá y me quité la camiseta, dejando ver mi torso desnudo. Ellas parecieron interesadas. Luego, me desabroché el pantalón y me lo bajé, calzoncillos y todo. Mi polla salió como un resorte y se quedó toda tiesa apuntando hacia ellas. Mi verga es de buen tamaño, nada exagerado, aunque como es bastante gorda parece más grande. Luego pensé que casi seguro que era la más grande que ellas habían visto hasta entonces, por como la miraban, babeando con anticipación. Se quedarón mirándola sin decir nada, como cortadas, así que les dije.
-Que, ¿ninguna de vosotras va a hacer nada?
Ainhoa fue la primera en acercarse, se arrodilló, me dijo “vaya pollón que tienes, aquí tengo faena para rato…”, me la cogió con la mano y se la metió un poco en la boca, como para probar. Luego hizo una chupada más profunda y se la pasó a Virginia, que se había arrodillado a su lado, esperando su turno. Virginia tampoco no se hizo de rogar. Primero me la meneó un poco con la mano mientras me miraba sonriendo mientras me miraba a los ojos con su carita con gafas, y luego bajó los ojos a mi polla, abrió la boca y se la metió, dandome una buena y larga chupada, acompañada de un “uuummmm”, como cuando se chupa un polo. Luego Virginia me agarró con una mano por el culo, dio tres o cuatro cabezadas rápidas sobre mi verga y se la devolvió otra vez a Ainhoa.
Mientras Virginia y Ainhoa se pasaban mi polla de boca en boca arrodilladas en la alfombra, Belén se había acercado, pechos al aire, hasta ponerse a tiro, a una distancia en que yo pude meterle la mano por dentro del tanga y acariciarle el coño, metiéndole el dedo de enmedio en su rajita, mientras empezaba a besarla otra vez y notaba mi polla otra vez calentita dentro de la boca de sus dos amigas.
Así estuvimos como un par de minutos, hasta que por fin le dije a Belén que me gustaba mucho su tanga, pero que mejor si se lo quitaba, porque ya era cosa de que aquellas niñas se despelotarandel todo. Pero no hizo falta que Belén hiciera nada, porque fue Mónica, que se había quedado un poco atrás, quien se lo quitó. Luego, belén dio un paso atrás, se separó de mi y se quedó mirando como Mónica se quitaba también su tanguita rojo, quedándose totalmente desnuda.
Mientras Belén y Mónica se desnudaban del todo, entre Virginia y Ainhoa, que estaban en el suelo, se encargaban no solo de seguir mamándomela, sino también de acabar de quitarme las zapatillas de deporte y sacarme del todo los pantalones, que hacía rato que estaban alrededor de mis tobillos. Mientras Virginia me chupaba la verga lentamente, Ainhoa me acababa de dejar desnudo y listo para aquella orgía de sexo adolescente. Cuando acabó , Ainhoa se levantó aun con mis pantalones en la mano, los tiró al sofá y me dijo que nos fueramos a la habitación de sus padres.
La seguí, viendo como meneaba su delicioso culito a través de la salita, enfundado solo en un tanga negro que no hacía más que darle más morbo a su culo, entró en el dormitorio de sus padres y detrás de ella entré yo. Detrás de mi, Virginia, Mónica y Belén.
Era también una habitación de muebles bastante modernos, y sobretodo en medio había una gran cama de matrimonio, donde ibamos a estar bien cómodos poara hacer todas las guarradas que quisieramos. Ainhoa quitó de un zarpazo todas las sábanas y dejó la cama lista para la acción
-Habíamos pensado montarnos la fiesta nosotras solitas –me dijo- pero una buena polla siempre anima la cosa.
Y, dicho esto, me cogió de la mano y me llevó hasta la cama. Hizo que me acostara y yo me quedé tumbado boca arriba Casi enseguida, Ainhoa se subió a la cama ydirectamente puso una pierna a cada ladó de mi cuerpo, se empaló en mi polla y empezó a montarme. Encajamos como un guante y empezamos a follar. Aunque vestida se le notaban menos, también tenía unas buenas tetas, tiernas como un par de bombones adolescentes, con un par de pezones pequeñitos pero duros. Vistas desde abajo aquellas tetas aun parecían más apetitosas, así que sin parar de follar, subí la cabeza para poder chupárselas, mientras la mantenía cogida con las manos por el culo, lo que hizo que mi polla se le metiera hasta el fondo, y ella soltó un suspiro cuando notó que se la había metido hasta bien adentro, paró un momento y se dejó chupar las tetas
Mientras tanto, a mi lado, Mónica y Belén se colocaron también en la cama y pusieron a hacer un 69, con la rubia Mónica arriba y la morena Belén abajo, meiéndole toda la cara entre las piernas abiertas de Mónica. Por su parte, Virginia, que había llegado un poco tarde para encontrar pareja, se había sentado en una silla abierta de piernas y había empezado a masturbarse, metiéndose un par de dedos entre las piernas mientras veía como los demás follábamos.
Ainhoa seguía montada sobre mi polla, se había echado ahora hacía adelante me había puesto sus tetas en la cara, mientras yo había vuelto a la posición horizontal sin dejar de chuparle los pezones, mientras mi tranca seguía entrando y saliendo de su coñito de 16 años. La chica sabía mover las caderas, pero decidí cambiar de posición y aplicarle un tratamiento un poco más duro. Cogida por las caderas, le di la vuelta (como la cama era grande, había espacio), y la puse debajó de mi, en la posición del misionero. Ahora se iba a enterar de lo que era una buena follada. Ella cerró las piernas a mi espalda y yo empecé a follármela a toda ostia para que se acordara de mi para siempre, mientras ella no paraba de gemir y decir
AAHHH SI, QUE RICO, FOLLAME, ASÍÍÍÍ!!!!!!!….. NUNCA ME LO HABÍAN HECHO ASI DE BIEENN……LLÉNAME, FOLLAME TODO EL COÑO, QUE ME GUSTA, MÉTEME ESE POLLÓN QUE TIENES…!!!”
Y cosas por el estilo….
Cuando la anfitriona de la casa se corrió por tercera o cuarta vez, me giré hacia Virginia, que se estaba aun masturbando furiosamente, y le pregunté si ella no quería también probar. Me miró un momento, se puso bien las gafas con un dedo y enseguida se levantó y se vino a la cama a follar conmigo. Al principio se tumbó al lado de Ainhoa, tumbada de espaldas y abierta de piernas, sonriendo anticipadamente, mientras yo me ponía encima, metiéndole ahora a ella mi polla, que le entró como una espada. Ella lo agradeció con un gemido. Su coño estaba bien abierto, porque había estado un buen rato jugando con sus dedos, así que mi verga entró toda casi de una y enseguida pude empezar a bomber con fuerza. Después de un par de embestidas, para estar más cómodo y por variar un poco me puse sus piernas sobre mis hombros y cuando la tuve bien cogida empecé a acelerar aun más el ritmo, haciendo que sus tetas, que eran de un más que respetable tamaño, subieran y bajaran, meneandose naturalmente con cada embestida.
Mientras empezaba a pillarle el tranquillo a lo de darle a Virginia, Ainhoa se había levantado, había bajado de aquella cama redonda que estábamos montando sus amigas y yo, había salido un momento de la habitación y al cabo de unos momentos había vuelto con una camara de fotos digital; se había quedado al lado de la cama, desnuda y haciendo fotos de todo lo que pasaba en la cama de sus padres.
Yo mientras tanto seguía cepillándome a Virginia, que no paraba de gemir con sus hermosas piernas encima de mis hombros y mi pollón entrando y saliendo como un martillo pilón de su coño. A mi lado, Mónica y Belén habían cambiado de posición, habían dejado el 69 y ahora estaba Belén sentada con la espalda apoyada en la cabecera de la cama, mientras Mónica a cuatro patas delante de ella hundía su cabecita rubia entre sus piernas y le comía todo el chichi como quien se come un melón. Se oía ese ruidito tan bonito de los muelles de la cama al follar, sobretodo porque en esoso momentos casi estaba empotrando a Virginia contra la cama de los pollazos que le metía con mi pelvis, pero sobretodo se oían a las chicas gemir, a Virginia diciendo que se corría de gusto y a Belén que gemía como podía “Aaahhh, Mónica, vas a hacer que me corra otra vez, cabronaaaa…!!!”
No pude aguantar más, di un par de embestidas más que le debieron de llegar a Virginia hasta el fondo, le saqué la polla, y casi enseguida me corrí abundantemente en su vientre, mientras ella ponía una cara de agotamiento pero también de haberlo pasado como nunca. Sudada pero feliz, dijo “Esto tenemos que repetirlo, quiero que me vuelvas a follar así, no se ni cuantos orgasmos he tenido…”.
Pero por ahora había que probar otras cosas y Virginia necesitaba recuperarse antes de poder seguir. Le saqué la polla, dejé a un lado las piernas de Virginia y de momento, me senté al borde de la cama. Pero aquellas tías tan cachondas parecía que no iban a dejarme ni un momento de respiro, y yo, de momento, encantado. Sobretodo porque Ainhoa no tardó en arrodillarse delante de mi y empezar a chupármela otra vez, dejando la cámara de fotos a su lado en el suelo. Mi polla, no había perdido casi nada de su dureza, y ella se encargó de mantenerla bien tiesa con sus notables habilidades para el ejerccio oral.
Virginia, que había estado mirándonos desde la cama con aire de envidia mientras se recuperaba de los orgasmos que mi polla le había producido, decidió que ya había cogido bastante aire, se bajó de la cama, cogió la cámara digital del suelo y se puso de pie a nuestro lado a hacer fotos de su amiga arrodillada, chupándome la polla, unas fotos que seguro que después les servirían como un buen recuerdo de mi estancia en aquel piso. Y cuando tuvo las fotos hechas, encontró cosas más interesantes que hacer, dejó la cámara en una silla y se puso al lado de Ainhoa. Me levanté para facilitarles la tarea, y entre las dos se pusieron a hacerme una gloriosa mamada a duo, arrodilladas en el suelo de la habitación y plenamente dedicadas a la faena de chupar mi afortunada verga, que ahora igual estaba en una boca como en la otra, porque la compartían constantemente, como si no pudieran estar mucho rato sin algo en la boca. De vez en cuando se besaban entre sí, y luego cada una me la chupaba por una parte, y así se repartían la faena sobre mi polla, que estaba dura como una estaca y a punto de estallar con tan gustoso tratamiento.
Mientras Ainhoa y Virginia compartían el honor de disponer de mi tranca en sus bocas, Monica y Belén también habían pasado de la cama al suelo para estar más cerca de nosotros. Belen se había puesto en el suelo, tumbada boca arriba, mientras que Mónica ahora se había montado a horcajadas sobre su cara y dejaba que su amiga le comiera el coño con alegría, mientras la mantenía agarrada por el culo. Que Mónica era rubia natural se veía en el precioso conejito rubio que ahora se estaba comiendo Belén con evidente maestría.
Yo seguía encantado con la mamada que me estaban haciendo entre Ainhoa y de Virginia, pero ver las caritas que ponía Mónica mientras su amiga le pasaba la lengua por la entrepierna me hizo desear fuera aquella rubita quien me la chupara, a ver que tal lo hacía. Desde que la había visto en el tren era la que más me había llamado la atención, y hasta entonces casi ni la había podido catar, pero como según parecía aquella tarde podía hacer lo que me viniera en gana con aquellas chavalas, decidí que había llegado el momento de “intimar” con Mónica, así les aparté la polla a Virginia y a Ainhoa de la boca y les dije
-Ahora le toca a Mónica
Pusieron cara de decepción, sobretodo Virginia, que me miraba a través de sus gafas poniendo carita de pobrecita desamparada, pero no tuve demasiado tiempo para tener remordimientos por abandonarlas, porque casi sin pensarlo di un par de pasos y le puse la tranca delante la cara de la rubita Mónica, que seguía arrodillada montada sobre la cara de Belén y que se había quedado con la cara a la altura perfecta para mi polla. Cuando Mónica se vió con mi verga toda tiesa y gorda delante de su cara no se hizo de rogar y empezó a hacer su trabajo, la cogió con la mano para encararla a su boca y se la metió sin rodeos entre sus labios. La tarea de Belén con su lengua sobre su coño no le dejaba concentrarse mucho en chupármela bien, pero el morbo de la situación lo compensaba todo, así que empecé a metersela cada vez más adentro en quella linda boquita, que llebaba un poco pintada con pintalabios rojo.
Mientras yo estaba ocupado en esto, Ainhoa y Virginia, al quedarse sin mi polla, se habían corrido y se habían puesto las dos entre las piernas de Belén para chuparle el coño con ganas. Entre las dos le hicieron un buen trabajito en los bajos, y Belén lo agradeció, como no. Las lenguas combinadas de sus amigas no tardaron en provocarle unos cuantos orgasmos más.
Belén estaba pasándolo en grande, con el coño de su amiguita Mónica en la cara y las lenguas de Ainhoa y de Virginia paseándose por su entrepierna, me fijé en que sus tetas y todo su cuerpo se veía sudado (hacía bastante calor), y su cuerpo se sacudía de placer allí tumbada en el suelo.
Mientras tanto, yo seguía de pie, follandome literalmente la boca de Mónica… La tenía cogida con una mano por la cabeza, con los dedos metidos entre sus rubios cabellos, que llevaba recogidos en una pequeña cola, y mientras tanto ella ponía la boca en forma de O para que yo se la metiera, cosa que yo hacía repetidamente y sin poder parar. Mónica se estaba dando un atracón de carne de polla, había tardado en poder comprobarlo, pero ¡menuda chupapollas que estaba hecha la niña! Al final, ya no pude más con tanto sexo, notaba como aumentaba la presión en mi polla, como si algo estubiera subiendo allí dentro. Tenía que correrme, y lo hice casi sin pensarlo, directamente en la boca de Mónica, que al notar que salía toda mi leche, dejó de chupar y se concentró en tragarse lo que le venía. Mantuvo mi polla en su boca y dejó que se la vaciara allí dentro, tragándosela casi toda con un pequeño movimiento de su garganta. Luego, se la sacó poco a poco de la boca, miró hacía arriba y se y puso una carita inocente que se me ha quedado grabada para siempre.
Por ahora era suficiente sexo para una primera sesión. Lo que tenía claro sin necesidad de pensarlo, es que habría más. Monica, aun de rodillas me miraba sonriendo después de haberse tragado casi toda mi leche (aunque un poquito aun le había quedado en los labios). Belén seguía allí abajo en el coño de Mónica, pero había dejado de chupárselo, agotada por los orgasmos que le habían proporcionado Virginia y Ainhoa que, aun de rodillas delante de las piernas abiertas de Belén, sonreian satisfechas y me miraban como divertidas, seguramente por la cara que se me había quedado después de correrme.
Di un par de pasos hacia atrás y me senté al borde de la cama. Belén seguía en el suelo, acostada boca arriba, con su cuerpo sucio, sudado, y sobretodo desnudo. Cuando se hubo recuperado un poco, apoyó un codo en el suelo, se puso de lado y me dijo
-¿Comemos algo y luego seguimos?
-No tengo mucha hambre- le contesté. La noche sin dormir me había caído encima toda de una después de correrme- Creo que mejor prefiero echar una siesta.
-Bueno, pues ahí tienes la cama. Tu mismo…
Me subí de un salto del todo a la cama y me eché y me quedé un momento allí tirado, mientras veía de reojo como las cuatro, desnuditas y contentas, salían riéndose de la habitación. Después habría tiempo para más, pero por ahora me dormí. Había que coger fuerzas para poder cumplir luego como un hombre con aquellas fierecillas.
2
Cuando me desperté estaba sólo y un poco desorientado, no sabía demasiado bien donde estaba. Era evidente que aquella no era mi casa y aquella no era mi cama, y en un principio no me acordaba muy bien de cómo había llegado hasta allí. Entraba un poco de luz por la ventana, debía de ser como media tarde o así. Poco a poco fui recordando, y supongo que una sonrisita apareció en mi cara al acordarme de quienes eran mis huéspedes. Me desperecé y decidí quedarme unos minutos más y luego ver que más se podía hacer en aquella casa de putas (con todos los respetos) en que se había convertido el piso de Ainhoa.
Y llevaba un par de minutos allí estirado, cuando Belén asomó por la puerta, y en voz baja me dijo
-¿Estás despierto?
-Sí
-Bien. -entró en la habitación y se echó en la cama; alegremente, me dijo-¿Qué quieres que te haga? ¿Quieres te la chupe? ¿O prefieres que follemos directamente?-como quien pregunta si prefieres carne o pescado para cenar…
-No, que me la chupes está bien.
Estaba aun un poco atontado, así que eché las manos detrás de la cabeza, me relajé y dejé que Belén me la chupara, haciendo que mi polla se fuera poniendo cada vez más dura entre sus mofletes. La cabrona sabía como hacerlo, lenta pero segura….se notaba que no lo hacía sólo para ponermela dura, sinó porque le gustaba chuparla…
Aun así, o a lo mejor por eso, en pocos minutos tuve otra vez el mástil bien erguido. Cuando ya la tuve del todo dura y lista, le dije que se desnudara. Belén se bajó de la cama y se quitó la camiseta que llevaba, que le venía muy grande y que, como comprobé, era lo único que llevaba. Me quedé mirándola un poquito. La chavala estaba de miedo, sobretodo tenía unas peras impresionantes, que con sus diecisiete años se le mantenían orgullosamente tiernas y erguidas. Le dije que si quería montar, más que nada para no tener que moverme, y ella no se lo hizo repetir. Se subió a la cama, se puso encima de mi cogió mi polla, se la colocó a la entrada del coño y se la empaló en vertical. Luego movió un poco las caderas como en rotación para comprobar que todo encajaba perfectamente y empezó a subir y bajar sobre mi tranca.
Empezó poco a poco, pero fue cogiendo velocidad, y en un par de minutos Belén me estaba cabalgando con furia y gritando histéricamente, mientras yo le metía la polla todo lo adentro que podía. Sus tetazas botaban arriba y abajo y solo pararon cuando yo se las cogí y se las magreé con ambas manos, llenándomelas de aquella carne blandita y tierna de sus grandes pechos. Me levantés y se las chupé un poco, primera una y luego la otra, antes de volver a dejarme caer de espaldas sobre la cama. Cuando solté sus tetas me acuerdo que la volví a coger por las caderas con las dos manos, y Belén, pasado el breve paréntesis tetil, volvió a ponerse a botar arriba y abajo, con mi polla deslizándose enterrada como una columna entre sus piernas. Sin duda aquello era un gran polvo, porque notaba como toda la cama se movia mientras follaba con Belén en aquella habitación medio en penumbra, perdiendo un poco el mundo de vista.
Unos minutos más de galope salvaje con las tetas de Belén balanceandose como si tuvieran vida propia bastaron para que la muchacha empezara a gritar que se corría…
Seguramente atraida por el jaleo que inevitablemente estábamos haciendo, apareció Mónica en la habitación. Primero asomó la cabeza, vió como estaba el panorama y entró, acercándose lentamente a la cama…Belén había bajado un poco el ritmo de su cabalgada tras otro de sus orgasmos, y ahora lo hacía más lentamente, aunque seguía metiéndose mi polla hasta el fondo. Aprovechando que había bajado el ritmo, giré la vista para ver que hacía Mónica, que se había quedado de pie al lado de la cama mirando como follábamos. Con una mirada Belén comprendió que ahora le tocaba a su amiga aprovecharse de mi. Se giró hacia donde estaba Mónica y le dijo dijo “¿te apetece follar un poquito?”. Mónica había venido a eso, así que se quitó la ropa (tampoco había traido mucho) y en cuando Belén se bajó de mi polla, Mónica ocupó su lugar, metiéndose mi tranca en su coño. Al principio estaba un poco rígida, pero poco a poco fue cogiéndole el tranquillo y al cabo de poco estaba también cabalgándome como una magnífica vaquera. El coño de Mónica era más pequeñito y estrecho que el de Belén, y parecía que con mi gorda polla se lo iba a rebentar, pero eso aumentaba aun más mi placer. Mónica casi no pesaba sobre mi cuerpo, casi podía levantarla sólo con la polla, lo que hacía que la sensación fuera diferente a lo que había sido follarse a Belén en la misma posición. Por cierto que Belén tampoco perdía el tiempo, y arrodillada al lado de mi cabeza, se había inclinado sobre su amiga y se había puesto a chuparle las tetitas, dandole unos buenos chupetones a los pezones de la rubia. Podía notar el calor de los cuerpos de las dos chicas cerca de mi mientras hacíamos todo esto, y mi tranca estaba como aprisionada entrando y saliendo entre los músculos del rubio coñito de Mónica.
Pero como me había vuelto caprichoso, al cabo de unos minutos le dije a Belén que se fuera preparando, que le volvía a tocar otra vez a ella. Belén se puso a cuatro patas a nuestro lado, así que cuando desmonté a Mónica y me giré con mi polla toda tiesa enseguida me encontré con Belén lista y dispuesta. Me puse de rodillas detrás de ella, la enfilé con mi verga y se la metí toda de una. Tenía la polla mojada y brillante de los jugos que había dejado en ella el coño el coño de Mónica, así que le entró recta como una espada. Una vez la tuve bien cogida por las caderas, reemprendí el polvo que había dejado antes a medias. Pero como tampoco quería dejar a Mónica ya sabeis, “culo veo, culo quiero…”), le dije a la rubita “ponte tu igual”. Mónica obedeció enseguida y se puso también a cuatro patas y cuando la tuve colocada, se la saqué a Belén y se la metí otra vez a Mónica. Empecé otra vez a follármela por detrás, y cuando llevaba un rato embistiéndola con una relativa fuerza, decidí probar algo más y le metí un también un dedito por el culo. Como ella soltó un gemido de placer, comencé a hacer como si le penetrara el culo con mi dedo, sin dejar de bomber mi polla en su coño, y como a ella parecía gustarle el juego, sin pensarlo demasiado le pregunté si quería que se la metiera por ahí detrás, si quería que la enculara.
Mónica no no se atrevió, pero Belén, que seguía al lado, me dijo que ella sí que quería probarlo No lo había hecho nunca, pero alguna vez había que empezar.
Prometí que iría con cuidado y le volví a meter la polla en el coño para lubricarla, metiéndosela y sacándosela unas cuantas veces lentamente mientras con el dedo seguía dilatándole el ano. Cuando lo tuvo bien dilatado, le saqué la polla del coño, me puse de pie y ella bajó la cabeza hasta dejar todo el culo hacía arriba. Tenía un buen culito adolescente, que parecía temblar. Debía de estar asustada, pero aun así, se giró y me dijo “venga, ya puedes metermela”. Cogí mi polla con la mano, la apunté puse en la entrada de su culo y fui flexionando las piernas hasta empezar a hacer presión sobre la entrada.
Mónica me ayudaba con su mano, pero parecía que aquello no iba a entrar, pero seguí insistiendo y al final conseguí que mi glande se colase en su trasero. Belén soltó un “aaaaahhhhhhh” de dolor, pero no me dijo que parase, así que le fui metiendo cada vez un poco más de mi gorda polla en su culo de 17 años. A medida que le iba entrando, sus músculos se iban acostumbrando a mi intromisión, y pude empezar a bombear un poquito, a lo que ella respondió gimiendo aun más, con la cara medio enterrada en la almohada. Poco a poco noté como podía ir a más, y empecé a metersela más rápido hasta el fondo, hasta que mi polla fue un pistón entrando y saliendo de su trasero, mientras ella gritaba “sssiii…enculame …rompeme el culo…rompeme el culo por la mitad…que me corrooo!!!!”
Mónica había cogido la camara digital que había quedado encima de una silla, y estaba haciendo fotos de cómo enculaba a su amiguita. Ya puedo imaginarme los comentarios viendo todas juntas las fotos de aquel día “ahí es cuando el tio te la metió por el culo, mira que cara pones…” o “ahí es cuando tu se la estabas mamando…” o “ahí es cuando se corrió encima de mi”y cosas así.
Mientras tanto, seguía mi sesión de sexo anal con la buena de Belén, que parcía que se estaba mareando del gusto que le estaba dando mi polla metida hasta el fondo de su culo. Sus rodillas hacía un rato que ya no habían podido más y ahora ella estaba echada boca abajo, aplastada contra la cama soportando todo mi peso mientras yo culeaba y le taladraba el trasero una y otra vez con mi polla, ahora ya metiéndosela cada vez hasta el fondo. Sodomizando por primera vez a Belén (luego lo hice otras veces, pero aunque estubo bien, ya no fue lo mismo) notaba la polla más dura de lo que la había notado nunca, como si fuera un garrote pudiera meterle hasta el fondo, y eso és lo que hacía, y ella ya no articulaba palabra, se limitaba a gemir y a sudar de placer y dejarme que le estrenara su lindo trasero. Al final, no pude más y me corrí, dejando mi polla allí dentro un ratito. Cuando me recuperé un poco y aun con mi tranca metida allí dentro, le pregunté si le había gustado, y me contestó: “ha sido muy fuerte”. No sé vosotros, pero yo lo interpreté como un sí. Poco a poco, le fui quitando la polla de donde la tenía metida y me quité de encima de ella.
Mónica se había quedado mirando como terminaba de encular a su amiga. Cuando se la saqué, aun la tenía dura, y aun tenía ganas de aprovechar a tope aquel golpe de suerte que había tenido, pero Mónica me dijo que así le daba un poco de asco chupármela, así que le propuse que nos fueramos a la ducha y nos limpiaramos los dos. Una vez la tuve enjabonada y limpia, Mónica ya no tuvo problema para arrodillarse en la ducha y chuparmela, ni en que echaramos otro polvazo allí mismo. La puse con las manos apoyadas en la pared y me la volví a follar por tercera o cuarta vez esa tarde.
No fue la última. Durante los tres o cuatro días en que no estuvieron los padres de Ainhoa, follé más que en mi vida;
Visitaba el piso siempre que podía y casi siempre (bueno, siempre) acabé disfrutando de la hospitalidad de mis jovencitas anfitrionas, porque una u otra siempre estaba dispuesta. ¡Aun me acuerdo de aquella vez que nos metimos los cinco en la ducha! O de aquella vez que me vendaron los ojos y tenía que averiguar cual de ellas me la estaba chupando! O de aquella tarde en que enculé sucesivamente a Belén, a Virginia y Ainhoa, mientras el retrado de novios de sus padres nos miraba desde la mesita! Incluso un día, el último, me traje refuerzos e invité a mis amigos a pasar una tarde en el piso. Ni que decir tiene que no jugamos al parchís, precisamente. Nos dedicamos a follar sin parar, y se puede decir que mis amigos disfrutaron como cerdos follando sin parar con las Ainhoa,Belen, Mónica y Virginia. Pero esa ya es otra historia.
Fuente: todorelatos.com
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