Como estrene el culo de mi mujer

Escrito por Yo Misma Publicado el día 12 de Marzo de 2011

Mi mujer es altamente sexual y muy xxx, se llama Sonia y le encanta coger, mide 1.58 MTS., busto 101 CMS. talla 36 C, cintura 70 CMS., caderas 97 CMS, como se podrán dar cuenta es algo gordita pero tiene unas tetas fenomenales, y le voy a relatar el estreno anal, espero les agrade…

La primera vez que lo hice por la puerta trasera primero la calenté con muchas caricias y metiéndole poco a poco un dedo, esto la lastimó al principio, le dije que era normal, que su cuerpo se iría acostumbrando a recibirme e iría ampliando la senda que deseaba estrenar, luego le compré un estimulador anal, lo usa con lubricante y se nota que le va gustando, ya no lo rechaza cuando le propongo usarlo, cuando ya no la lastimaba intentamos la penetración, la puse hincada y le dije que se agachara para que sus hermosas nalgas quedaran levantadas, lubriqué perfectamente su estrecho anillo, me puse un condón y también lo aceité con el resbaladizo líquido, coloqué la punta de mi ardiente arma en su arrugada y oscura entrada posterior y empecé a empujar suavemente, cuando logré meter la cabecita, mi mujer gritó del dolor, se hizo hacia delante sacando de su funda a mi pistola, me dijo:

- ¡No me cabe!, la tienes más grande que tus dos dedos, me vas a partir en dos – dijo con tono de queja.

- Tienes que relajarte más – le dije acariciándola rico para que la calentura no se le bajara -, debes abrir tus ricos cachetes para que pueda metértela.

- Entonces ponle mucho lubricante para ver si así me cabe – respondió con voz tranquila.

Obedecí a su solicitud, regué el lubricante en abundancia tanto en la entrada de su ano como en mi pene, esta vez la acosté de lado y me puse detrás de ella como si hiciéramos forma de cuchara, nuevamente inicié el ataque, mi mano derecha dirigía al invasor para lograr vencer la resistencia de ella, mi mano izquierda acariciaba sus ricos melones y sus levantados pezones, mi lengua se paseaba por su espalda haciendo que de vez en cuando se arqueara por el placer, inserté la punta en su cueva y ésta vez no se quitó, me dijo:

- ¡Déjalo así un momento!, quédate quieto porque de ese modo no me duele – su voz se notaba levemente temblorosa, tal vez temía que se la metiera de golpe.

- Tú me dices cuando estés lista para recibir otro poco de verga – respondí sin dejar de acariciarla con ambas manos, ni de lamer su espalda.

Pasados unos momentos, en los cuales estuve quieto solamente de mi lanza, la escuché pedir:

- Méteme otro poco, yo te aviso si me duele para que te detengas – su tono era ahora algo excitado.

Empujé nuevamente y sentí cómo su ano se iba dilatando para recibirme dentro de ella, pujó quedamente y con su mano detuvo la ensartada, paré mi movimiento hacia delante y esperé su reacción, no tardó mucho, con un movimiento de cadera, ella sola se clavó hasta que sintió mis bolas pegadas a su trasero, no le faltaba nada de reata, la tenía toda adentro por fin, a continuación se movió en forma circular para que el placer fuera inundando todo su ser, en cuanto noté que empezaba a gemir como cuando se la meto por al concha, inicié el mete-saca en su apretada cueva, la sensación es deliciosa, totalmente diferente al sexo normal, aprisiona el miembro de una forma que te hace enloquecer de pasión y no deseas que termine nunca.

Después de estar gozando así, le sugerí que cambiáramos de posición, y con cara de asombro me preguntó:

- ¿Te vas a salir y luego me la metes otras vez?, ¡no!, me va a doler.

Sin dejarla reaccionar, la tomé por la cintura y la levanté un poco, luego la hice girar par que quedara encima de mí, y estando en la nueva pose comentó con gusto:

- ¡Que rico se siente así!, no te vayas a venir porque estoy gozando como nunca.

Se apoyó sobre sus pies y puso sus brazos a ambos lados de mi, luego empezó a subir y bajar sobre el garrote que tenía en sus entrañas y por sus jadeos supe que se estaba deleitando con la atravesada de culo que recibía, mis manos buscaron ansiosas sus pechos que se agitaban al como si estuvieran bailando al compás de una imaginaria música, sus tersas nalgas rebotaban sobre mi vientre, finalmente había logrado poseer su puerta trasera sin sufrimiento.

Logré sentir su orgasmo cuando su pequeño aro comenzó a contraerse y dilatarse alternadamente, eso me puso de a mil, mi caramelo estaba a punto de estallar, en cuanto terminaron las contracciones, nuevamente se levantó hasta que mi miembro casi se sale, luego se dejó caer enterrándola hasta la empuñadura, movió su cintura como licuadora, al momento de que me vengo, aprieta su esfínter y me saca hasta la última gota de leche, la que inundó el látex.

Quedamos desfallecidos por la rica cogida y desde esa vez quiere una vez por delante y la otra por su rico anillo, cosa que me encanta ya que le puedo dar por cualquiera de sus aberturas en donde quepa mi pistola.
Fuente: todorelatos.com

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