Historia real sobre una mujer casada que me hizo una de las mejores mamadas que he tenido, con el permiso de su esposo.
El siguiente relato es 100% real, ocurrió hace dos años y fue una de las mejores experiencias que he tenido.
Pero dejenme contarles un poco sobre mi, me llamo Fernando y vivo en Cali, tengo 40 años y soy un tipo comun, nada especial. Estoy casado desde hace 14 años con una mujer a la que quiero, aunque debido a que es muy tradicional en asuntos de sexo, para satisfacer las fantasías que al respecto tengo, he tenido que recurrir a buscar y contactar a otras mujeres, es así como contacté a la mujer con la que tuve la aventura que ahora les relato.
leer el relatoLa magia de unos labios gruesos
Esa mañana que te vi en la cámara y pude notar el sabroso grosor de tus labios no tenía ni idea de lo que eras capaz de hacer con ellos. Fue solo cuando nos encontramos que pude darme cuenta de la increíble maestría de tus ricos labios. Primero fueron tus besos.
Me perdía en tus labios como si estuviera en las profundidades de la fruta más dulce que el gusto humano pueda imaginar. Eran como dos higos deliciosos que mi lengua cubría y mis labios trataban de envolver. Tus labios me envolvían totalmente y era como perderse entre la pulpa de duraznos, manzanas o naranjas. Nunca imaginé tanta dulzura y tanto sabor resumidos en un par de labios como los tuyos. Cuando hubiste consumido mis labios con el fuego de tus besos bajaste por mi barbilla y mi cuello e ibas dejado marcado tu sabor en mi piel de manera inconfundible.
leer el relatoyo que pensaba ser el cazador y, en ese momento, estaba a merced de dos hembras que hacían conmigo lo que querían… videos xxx
Yo vivía solo en Madrid, desde hacía un año, cursaba un postgrado en administración y gestión de pymes. Entre semana, por la actividad del curso, siempre estaba acompañado por algunos compañeros, dando batalla a las tareas propias del estudio que nos encargaban; pero cuando llegaba el fin de semana, me quedaba solo, pues mis dos compañeros de piso se marchaban a sus ciudades de origen y yo me quedaba aburrido como una ostra.
Esa tarde de sábado, se puso a llover y, como estábamos en febrero, a las seis y media ya se había echado la noche encima. Yo deambulaba por las calles sin rumbo ni intención determinada, hasta que al pasar por un sexshop vi salir a una chica que era una preciosidad de mujer: metro setenta y cinco aproximadamente, pelo rojo (parecía natural), bien maquillada y adornada, la falda por encima de las rodillas y un largo impermeable azul oscuro, que con el andar dejaba entrever unas esbeltas y largas piernas. Como no tenía otra cosa mejor que hacer, empecé a seguirla a una distancia prudencial. Su ritmo de taconeo era rápido y acompasado; pero al llegar a un cine de la Gran Vía, se paró un momento y, después de mirar con atención la cartelera, se pasó por taquilla y entró en él. Yo no me lo pensé un momento e hice lo mismo.
leer el relato