La perla del este

Escrito por Yo Misma Publicado el día 14 de Marzo de 2011

Cuando sonó el teléfono faltaban pocos minutos para las diez de la noche.

Mrs K?
His taxi waiting.

Acabé de pintarme bien los labios despues de la cam xxx. Rojo subido. Me había recogido el pelo en un moño y la exagerada prolongación de la raya de los ojos unida al vestido de seda negro semitransparente con encajes de lentejuelas ceñido al cuerpo me proporcionaba un aspecto decididamente oriental.
Me acerqué hasta el ascensor con el paso titubeante que los zapatos, también negros y de altísimo tacón, me marcaban.
A la salida principal me esperaba el taxi. Subí y arrancó sin el conductor mediar palabra.

La noche era ya una realidad consolidada; enormes luces multicolores de neón, ríos de gente apresurada que, desbocados, pasaban por mi lado.
Aproximadamente quince minutos más tarde el coche paró frente al Donghu Hotel. Bajé y avancé, a través de su elaborada puerta de hierro forjado, cruzando el jardín, hasta el vestíbulo. Mármol y arañas de cristal en el techo.

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Secuestrado por mi vecina

Escrito por Yo Misma Publicado el día 8 de Marzo de 2011

Era un día de invierno y por fin iba a disfrutar de unos días de descanso, tenía unos días de vacaciones y convencí a mis padres que me dejaran las llaves de una casa que tenemos en las afueras de la ciudad para ver cam xxx, iba a pasar yo solo unos días allí, mi intención era descansar, pasear, disfrutar de el campo, en fin unos días de descanso pero sucedió todo lo contrario y todo se lo debo de agradecer a mi vecina.

Tras un pequeño viaje llegue a la casa, abrí la puerta para entrar en el jardín y la puerta produjo un fuerte chirrido y como no mi vecina se asomo desde su casa enseguida, Mi vecina es una mujer que ronda los 50 años,

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Memoria de un psicotapa

Escrito por Yo Misma Publicado el día 5 de Julio de 2010

-Tengo algo que contarte, Ludwig

-Adelante

-Recuerdo un día en que volví del hospital, una nueva paliza, ya sabes… Nadie te ayudaba, eran cosas de la juventud. Tu estabas ahí, siempre fuiste mi mejor amigo. Te note cambiado, pero aun así seguías siendo mi amigo.

Volvimos a salir juntos durante los recreos, y al menos así éramos dos para hacer frente a los matones. Tu me infundías valor… Y me lo infundiste aun mas desde aquel día.

-¿Qué día?

-Fue un día en tu casa, yo llegue justo en el momento en que guardabas en una bolsa aquellas prendas de ropa para tirarlas… Vi la sangre que las manchaba… Se que debía haber llamado a la puerta, pero no lo hice, y, te pille de improviso, y, por eso no tuviste mas remedio que contármelo todo…

-La ropa de la Gárgola

-Si… Te acompañe a tirarla… Lo que tu no sabías es que memorice el lugar… Porque iba a volver aquella noche a recogerlas. No me mires así, te habías convertido en un mito para la gente como yo… Los parias.

Al día siguiente me encontré de nuevo contigo en clase. “Tienes mala cara”, me dijiste. “Estuve estudiando hasta tarde”, te conteste. Ahí quedo todo, y aquella noche seguí a Fran hasta el lugar que había escogido para dar rienda suelta a mi venganza. “Quien hay ahí”, le oí decir aterrorizado (Los que van de duros son los primeros en acojonarse siempre). No le conteste, salí de las sombras tras las que me ocultaba lo mejor que podía. Di gracias a dios porque la leyenda de la Gárgola hubiera tenido tanta fuerza aun en esa época. “Vete… No me hagas nada”, estaba aterrorizado, me suplicaba clemencia, como tantas veces yo lo había hecho… Igualmente yo tampoco le iba a escuchar…

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