Estaba yo un sábado en un centro comercial, iba a ir a ver una película a los multicines. Iba a ver un estreno, pero me puse en la cola y estaba una profesora mía. Ella era alta, morena, buen cuerpo. Nos saludamos, me dio dos besos. Y me dijo la película que iba a ver. Era una película que no me llamaba mucho la atención. Ella me pregunto que película xxx iba a ver y yo le conteste la misma que ella. Yo quería estar con ella. Yo compre la entrada y espere a ver si venia conmigo pero se quedo comprando palomitas y coca-cola.
leer el relatoElla esta en su oficina terminando de revisar unos reportes bancarios, esta cansada pero sigue adelante. Se muere de hambre ya que come muy a la ligera, el café y un cigarro son su mejor compañía a esa hora. Mónica es así, trabajolica por excelencia prefiere quedarse en la noche a hacer este trabajo que es bastante aburrido ya que en el día simplemente no tiene tiempo.
Mónica es la gerente del banco, tiene un buen sueldo y es respetada, incluso temida se podría decir, por todos. Es una mujer divorciada de férreo carácter y sumamente autoritaria. Sus empleados la detestan por ser tan exigente y ella no tiene problema en hacerse odiar por ellos.
Sin embargo todos concuerdan en que Mónica es físicamente atractiva, 40 años de cabello corto y de color negro, ojos negros y un cuerpo bastante proporcionado y sugerente. Siempre viste de forma elegante y sobria aunque los trajes con escotes dejan entre ver unos pechos de buen tamaño, no excesivamente grandes pero tampoco pasan desapercibidos y unas piernas bastante bien formadas.
“Hasta que termine” suspira ella profundamente y ordena las carpetas en su escritorio, es viernes por la noche y a pesar de algunas invitaciones a salir ella las rechaza, solo quiere volver a su casa, darse una ducha y beber una cerveza, eso es todo.
leer el relatoEstaba muy nervioso aquel primer día de instituto. Llegué con mi hermano, que ese sería su último curso si todo salía bien, a la puerta del centro, donde cantidad de gente se apiñaba porque ahí figuraban todas las listas de alumnos y el aula que les correspondía.
Localizamos mi nombre, Antonio Gazul, y me acompañó hasta el segundo piso, donde estaba mi clase. Entré intentando pasar lo más desapercibido posible, que no fue así, y fui directamente a sentarme al final del salón para no llamar mucho la atención. Chicas con la cabeza mojada y la leyenda “Novata nº 6″, o el número que les correspondiese, garabateada en la frente con un rotulador gordo como advertencia a otros novatos como yo; antiguos compañeros repetidores que se encontraban tras el verano; tías en las mismas condiciones, más mayores y retadoras, que intimidaban más que los tíos…
Tímidamente, una cabecita se asoma por la puerta y barre con la mirada toda la clase hasta que se detiene en mí y no duda en apresurarse a sentarse a mi lado. Menos mal, por fin una conocida. Era José, que estaba tan acojonado como yo.
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