Lo que deje en cuba

Escrito por Yo Misma Publicado el día 14 de Julio de 2010

Volvió mi secretaria para informarme de que la mujer insistía en hablar conmigo. Decía conocerme pero no se me ocurría quién podía ser esa “mujer madura y con acento sudamericano”. De todas formas, me picaba la curiosidad, y estaba tan saturado de trabajo que cualquier excusa para darme un pequeño descanso no estaba de más. Me decidí a hablar con ella y mi secretaria la dejó entrar.

Efectivamente, parecía hispanoamericana, y en particular cubana por el acento. Era una mujer de treinta y muchos años y mulata. No estaba mal de físico, y deduje que tendría que haber sido muy atractiva en su juventud. Desde luego, yo no la conocía de nada.

- Buenos días. ¿En qué puedo ayudarla, señora?

- Buenos días. Prefiero señorita. ¿No me reconoces?

Permanecí en silencio.

- Cariño, ¿no te acuerdas de Amparo?

Aquel nombre no me decía absolutamente nada.

- Entonces no recordarás Cuba, ¿no? Nunca habrás estado en La Habana…

Ahora no pude evitar sobresaltarme. Los recuerdos se despertaron de golpe. ¡Que si había estado en La Habana! Yo guardaba un recuerdo muy secreto de esa isla.

Ella sonrió notando mi reacción.

- Sí, ahora caigo… Nos conocemos – dije, tratando de arreglar mi falta de autocontrol con una sonrisa. – Podríamos quedar para comer, ¿qué le parece?

Apenas si pude trabajar durante el resto de la mañana. Mi mente ya no estaba en la empresa sino muy lejos de allí, en la ciudad de La Habana. Una historia de mi pasado había vuelto y no me agradaba mucho, porque había sido una historia con un final feliz, hasta entonces, y que era mejor ocultar. Ahora aparecía esa mujer y yo sabía quién podía ser y qué quería. ¡Maldición! ¿Por qué siempre que uno intenta disfrutar la vida tiene que pagarlo después?

Había ocurrido mucho tiempo atrás. Yo era entonces dieciséis años más alocado. También era joven y me aburría demasiadas veces de mi matrimonio aunque no llevara mucho tiempo casado. El mismo problema parecía tener mi amigo Fernando, entonces trabajábamos en la misma empresa, y nos convertimos en cómplices de un engaño. Un día dijimos a nuestras mujeres que teníamos un viaje de negocios en el extranjero, pero en vez de volar al brumoso Londres, fuimos al más luminoso y alegre Caribe.

¿Todavía no adivinan el resto? Fue una historia muy común. Apenas visitamos la isla y nos ocupamos en cambio de sus mujeres. Éramos extranjeros, teníamos dinero, habíamos dejado cualquier escrúpulo en nuestro país… Al día siguiente de llegar nos encontramos muy bien acompañados por dos mulatas. Las encontramos tomando el Sol en la playa, como si necesitaran realmente broncear sus jóvenes espaldas y sus pechos morenos, y se acercaron a nosotros notando nuestras miradas.

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