La primera vez que fui infiel

Escrito por Yo Misma Publicado el día 25 de Octubre de 2010

Cuando me case, solía pensar que era el final de los cuentos (el… y vivieron felices para siempre), pero no fue así, yo era muy joven para tener una responsabilidad tan grande, con solo 22 años, y terminando una carrera pensé que me podía comer el mundo de un solo bocado.

Me case con Jesús, muy enamorada, cuando éramos novios conocimos lo ardientes que podíamos ser, siempre se preocupo por llenar mis expectativas, por complacerme y por llenarme de todo lo que yo necesitaba, pero éramos tan diferentes, el es 5 años más grande que yo, abogado de profesión, pero sin haber ejercido nunca, hijo de familia, y acostumbrado a que le resolvieran la vida sus hermanos, yo todo lo contrario, ya que desde los 18 vivo sola y soy completamente independiente. Pero bueno nos casamos y de inmediato cambio su forma de ser conmigo, ya no me veía como la mujer a la que debía conquistar, sino como un objeto de su propiedad que debía estar en su casa para atenderlo.

leer el relato

Sin verlo ni comerlo

Escrito por Yo Misma Publicado el día 14 de Octubre de 2010

Vas a salir con unas amigas y unos amigos. Lo de “amigos” lo has remarcado mucho para que lo oyera mientras te bañaba, te preparaba la ropa, te ponía la ropa interior y veía como te maquillabas ante el espejo con brillo en los labios y algún retoque en los ojos.

Pero como no quieres que ande por la casa alborotando me has dejado acostado desnudo a los pies de tu cama con mi cuello atado a la pata de la cama. Y has traído a la habitación el ordenador portátil con la webcam y has orientado a la cámara hacia donde estoy echado para poder espiar y comprobar si me muevo, si abandono el lugar donde me has dejado.

Vamos a casa de unos amigas y “amigos” has vuelto a insistir en lo de “amigos” y desde allí me conectaré a la webcam y podré ver si te mueves, si te has movido. Así que tú sabrás lo que haces. Y me has dejado unas braguita usadas que te acababas de quitar para que me consolara con ellas en tu ausencia y el cinturón de castidad bien cerrado con la llave que tú llevas colgando de tu cuello y que sólo te quitas de vez en cuando para dármela a besar, “besa la llave que encierra tu placer Cornudo”. Y luego vuelves a colgártela del cuello. Me has dicho “cornudo ” y “putita sumisa” por lo que he supuesto que vas de caza porque sólo soy “cornudo” cuando tú acuesta con otros, pero “putita sumisa” lo soy las 24 horas. Así que vas de caza.

Y te has marchado vestida de una manera muy sexy, con zapatos de alto tacón, un traje ajustado y la blusa blanca si sujetador que deja que se trasluzcan tus hermosos pezones oscuros. Y cuando sales así, yo sé que vas de caza, que has visto a alguien que te moja el coño y vas a por él o ella. Pero tú no me ha dicho nada. Sólo que sale con amigas y “amigos”.

Y te has marchado y he permanecido allí echado oliendo tus braguitas, consolándome con el olor y el sabor de tu hermoso coño, y cuando de vez en cuando miraba a la cámara, veía el piloto verde encendido, señal inequívoca de que estabas en el ordenador de tus amigos espiándome, viendo si permanecía allí donde me habías dejado.

leer el relato

La profesora de orgasmos

Escrito por Yo Misma Publicado el día 8 de Octubre de 2010

Me levanté temprano, desayuné con mi marido y cuando se fue al trabajo, hice lo que le había recomendado a mi vecina: En la cama, me puse saliva en el índice y el corazón de la mano derecha y comencé a acariciarme. Los labios, el principio de la vagina, mis flujos empaparon mis dedos. Usé la mano izquierda para exponer el clítoris, y ataqué directamente su cabecita, tras meterme los dedos en mi concha y dejarlos bien mojaditos. Me toqué hasta explotar. En mi mente, Hortensia se masturbaba al mismo tiempo. Su rostro y sus inmensos ojos negros, que se llenaban de lujuria mientras la lengua recorría sus labios glotones, me acompañaron en el viaje.

Mi hijo seguía durmiendo. De una manera inconsciente, abrí la compu y tras leer El País y La Nación, me puse a escribir sobre lo que me había ocurrido el día anterior. Me salió en un tirón. Quise dar distancia con la receta. me veía dentro de una película erótica.

Al fin y al cabo no había pasado nada, una simple conversación de mujeres. Pero ella me gustaba mucho, llevaba demasiado tiempo sin estar con otra chica, el embarazo me tiene más sensible y sensual. Me estaba haciendo una paja mental, confundiendo deseos con realidades.

Entré en TR, leí algunas novedades, hice algún comentario y el MAAAMAAA de mi hijo me avisó que tenía que cambiar el chip. Preparar desayuno, presencia durante el mismo, lavar cara y manos, ayudar a vestirse, aguantar hasta que haga sus necesidades, lavar culito, en fin esas cosas que hace una madre de hijos pequeños.

Cuando bajé al parque, Hortensia se había adelantado. Los niños se fueron a jugar.

Su sonrisa de picardía traslucía su encontrado placer.

“Lo he hecho. Gracias.”

Y me dio un abrazo y un piquito. Creí derretirme cuando sus labios tocaron los míos.

“Ha sido estupendo”

Esperaba más de mí, más información, más maneras y modos de llegar al placer supremo.

La mañana estaba preciosa, así que no tenía mucho tiempo, enseguida caerían más mamás o abuelas.

Le expliqué el uso del chorro del bidet, de la ducha teléfono, cómo aprovechar el sueño del hombre, después de coger, para acabar si una no ha terminado. No dio para más, el jardín se convirtió en una guardería .

La veía feliz, más risueña. Todas subimos tarde a almorzar, se estaba bien al sol invernal.

Tras comer con mi hijo, y mientras se echaba la siesta, me puse a releer a Bryce, era mi homenaje a mi peruana deliciosa.

leer el relato
12